Historia Universal en palabras de cuatro letras o menos

Creó de tal modo al pez y al marEra la nada, y era Dios. Dios dijo: «Que sea la luz». Y la luz fue. Dios la vio y dijo «Esto está muy bien», y fue por más. Creó de tal modo al pez y al mar, al sol y al ave. Dijo Dios el día seis: «Haré un ser como yo». Tomó lodo y con él creó a Adán. Pero como lo vio solo, de su lado hizo a Eva.

Alto ahí, dirá uno. Yo no creo en Dios, soy ateo. Pues para él digo otra cosa. En la hora cero, fue el Big Bang…

—Iván Skvarca

Nada se oye. Cero onda. Y de la nada, todo: el Big Bang. Ya masa hay, sólo que no se ve. Nada fría; más bien dura, y que se va para allá y para acá, cada vez más.

Al fin, la masa casi se para, pero no del todo. La luz ya va de un lado a otro; la masa se ve, pero no es fría aún.

Nada vive, y no hay ni un sol. La masa se hace gas que cae y cae y se une a más gas. De ese gas que cae, se hace un sol, y otro, y otro: dan más luz. Se unen. Se atan por su masa; van uno al lado del otro. Van como los que se aman.

Pasa un eón, dos, y más; un sol se va, y con él se hace un poco de He, un poco de C, de O, de Fe, de Ni, de S, y más masa rara que no es gas. Esa masa rara se une y hace vida.

La vida sale en el agua; allí, el alga usa la luz del sol para ser. El alga hace más alga, y esa alga hace más alga, y así…

Pero un día un alga hace otra no tan alga; el alga se hace otra cosa. La otra cosa es aún alga, pero no como la otra. Eso está bien, pues si eso no pasa, hoy hay sólo alga.

—Marcos Donnantuoni

A ver qué sale de todo esto: que lío… no sé como se pasa de alga a otro ser vivo. Pero no ha de ser cosa de un día o dos, sino de un eón o dos, o tal vez más. Bien, la cosa es que el ser ya está: vive en el agua, nada, come, crea otro más y otro y otro… ya hay como cien mil o tal vez más. ¿El aire? no es sólo CO2, ya hay O2. ¿Qué es esto? ¿un pez? ¡Sí, es un pez! ¡Y sale del agua! Ya es un sapo, o tal vez una rana… y esto va para más….al fin, hay un mono, pero este mono es de otro tipo: es un mono que anda, se para, mira… y aquí está, por fin, el Homo.

Y sale del aguaAsí pasa una era, una edad… el Homo vive, caza y come, yace con una y con otra y cada día que pasa son más. Ya sabe cómo con una roca se hace una cosa y otra. Ya usa su seso. No del todo aún, pero algo más cada día. Hace una casa para él y para ella, sale de caza con el arma de roca, usa la sal, bebe agua del río (come uvas, pero aún no sabe lo que es el vino)… vive bien, o eso es lo que cree. Este ser y los que son como él, ya son un clan. Pero hay otro clan al lado, y otro más allá, al otro lado del río… ya son más. El arma, a mano… no se sabe bien qué pasa. Tal vez haya líos con esos de allá. Hay un jefe en el clan. Un día les dice «¡A esos de allá!» y van con el arma de roca en la mano. El jefe mata al otro jefe, le dió con toda el alma con el arma de roca, un poco más y lo abre en dos (se dice que Caín con Abel hizo algo así). El que era jefe de clan, es el Gran Jefe de toda la zona del sur y del este, del lado de acá del río. Se oye todo el día «¡Viva el Gran Jefe!».

Pero esto no es todo: los del clan del otro lado usan el arco y lo usan muy bien. Esta vez, la cosa no es como la otra vez. El clan del otro lado gana. Su jefe ya es rey de toda esa zona.

Al lado del rey hay uno que sabe que es lo que dice Dios. El rey le teme un poco, no sabe muy bien si eso que dice es así o es de otro modo, pero como dice que sabe… tal vez sea así. El rey dice para sí, en voz baja «a ver si este que dice que está con Dios me hace daño… en fin… que siga con eso en paz. Yo aún soy el rey». Pero hay otro más al que el rey le teme: al jefe de los que usan el arma. El rey dice para sí «¿y si este me mata para ser él el rey? a este le temo más que al otro… y esto no es todo, está ese otro de allá, el que está con todo el oro… si le da un poco de su oro al que dice que está con Dios y otro poco de oro al jefe de los que usan el arma, chau rey… que cosa fea esto de ser rey ¿no?».

Y eso fue lo que pasó al fin. No sé cuál de los tres fue rey, si el de Dios, el del arma o el del oro, pero no hay duda de que esto pasó de ese modo.

Pasa un año y otro más, más de cien, casi mil. En un país seco, al lado del río Nilo, hay unos que son de allí. Hay rey, hay un dios y otro y otro más. El agua del río les es muy útil. Cada año sube y el rico lodo es apto para la vida, de ahí se saca lo que se come. El rey de esos era como un dios. Al irse para el otro lado, al rey se lo pone en una tela de fino lino, con goma, áloe, cera, sal, etc. para que esté así por años y años. Un rey hizo una gran casa para él, para su otra vida, una casa muy alta. Hoy aún está allí, la van a ver de casi todo el orbe.

Cada uno con su armaEn otro lado, un país al lado del mar, una isla y otra y otra, más de cien. Uno de los del otro lado del mar fue a ese país y vio a una dama muy mona. El le dijo «ven» y ella dejó su país y se fue con él. A los de allá no les cayó nada bien eso. Van por ella como en cien naos, uno de los que iba era Ajax. La lid dura años y años. No gana uno ni otro. Al fin, a uno se le da una idea: pone una gran cosa allá, sola, para que la vean, y se van. El rey dice «Eso que está allá, trae para acá». En la cosa esa hay como cien, cada uno con su arma. Sale uno, otro y otro, y la lid se gana así, de este modo. No hay nada en pie. (Todo esto lo dijo uno que no veía).

Hay otro clan, los de la Torá en la que está la Ley de Dios. Van tras su jefe, que los guía. Se pasa sed, pero van y van. Dios les da maná. El Mar Rojo se abre y van a pie por él. Un jefe ve al fin el lar que será suyo y les dice «¡Id para allá!». Hay lid, se mata a uno y a otro, pero al fin este clan gana. Unos años más y allí nace uno, al que se le dice hijo de Dios. Va por ahí, con doce más. Hace cada cosa que no es de acá: de un poco de pan y de pez les da como a mil, a unos los cura, a los más les dice cómo debe ser su vida… Pero al fin, hay una cena en la que uno de los doce va a ver a Anás y le dice «yo te lo doy a ese al que oyen». Este le dice «Está bien, por esto te daré algo. Toma.» Y al fin, el hijo de Dios va a la cruz.

Más allá, al otro lado del mar, hubo una vez un tal Remo y otro que era como él. A los dos los crió una loba. Su clan fue cada vez más y más. En unos años, de ahí van a casi todo el orbe. Ese gran mar que se ve en el mapa era todo suyo. Ese clan de Remo y del otro, ya es la gran Roma. Hay un rey y otro más, pasa uno y otro año, una vez Roma arde y a los que usan la cruz se les mata. Más años, todo está todo bien, como para mil años más, pero poco a poco la cosa va cada vez de mal en peor. Unos de muy allá, del N y del O, de a poco van cada vez más para acá. Roma se abre en dos, hay una Roma del Este. Pero la otra, cada vez anda peor. Esos de allá, al fin van a Roma y su rey gana, allá por el año 476 de esta era. Es el fin de una Edad, de aquí en más ya es otra.

—Manuel Lois

Ante todo, digo esto: del que nada hizo, nada se sabe; por eso, acá puse lo que un tipo acá, y otro allá, le dan a su país o a su era, y se sabe aún hoy.

Se come un almaUno que supo más que todo otro en sus días dijo «El que come haba, se come un alma, pues el alma del que se va pasa al haba; por eso yo no como haba». Se dice por ahí que no lo dijo por eso, sino por el gas que daba el haba; pero yo no hago caso. Bien, este tipo que digo dijo que el cero, el uno, el dos, etc., eran todo lo que dios hizo, y todo lo otro vino solo. Que la nota que toca el laúd, la idea, la voz, el orbe todo, bah, eran la suma de algo con otra cosa, y él supo dar con esa suma para un tema o dos (a vos te sonó a poco, tal vez, pero yo digo que era un capo). Un pibe de esos a los que le dio algo de lo que supo, hizo algo que fue malo para él: un buen día, este pibe dijo «Mido el lado este, el que no hace cruz con este ni con este otro… A ver… como dijo el capo, el lado A por el lado A es como el lado B por el lado B más el lado C por el lado C… Uno por uno más uno por uno es dos… Así, el lado A debe ser la raíz de dos… Uy, pero esto no me da, el capo me mata». El capo lo supo, y no se rió, pues esa raíz de dos no era como él dijo que debe ser. Miró bien lo que el otro hizo, pero al fin dijo «no hay nada malo en tu obra; debe ser así pues». Hizo que otro mate un buey (o cien, como dice el mito) para reír un poco, ya que era real la cosa y tuvo que usar eso para bien o para mal.

—Marcos Donnantuoni

En la edad de la poca luz (aún no hace mil años) hubo un tipo, un tal Polo, que tomó un día la ruta del Este y no paró sino al ver un muro que iba de un lado al otro del orbe. Se dijo: éste debe de ser el país del Sind, y sí que lo era. Fue a ver al rey de ese país, que es el Khan, y le dijo que era del otro lado de la ruta del sol, del lado del otro mar. El Khan le dio algo para el rey de su país, y Polo lo tomó y se fue.

Este debe ser el país del SindAños pasó en esa vía, de acá para allá y de allá para acá. El Khan le daba oro y una nota para el Dux, y Polo iba para su país; el Dux le daba oro y otra nota para el Khan, y Polo iba para el Sind. Así ganó dote y fama en los días de la ruta de la seda, días en los que su país fue muy rico.

Mal le fue a Polo en poco rato: en liza con los de más acá por ver si uno iba a ser más que el otro, su país no le dio más paga y el rey de al lado le puso el cepo. Tras la reja, hizo una nota con todo lo que vio en la ruta de la seda, en el Este, en Irak, en Kom y más allá. Su obra se leyó, vaya que sí, y la fama de Polo aún está viva hoy día.

—José García-Verdugo

Allá, tras el gran mar, por el fin del XV, ni un tipo fue aún en una nave más allá de la raya que hay tras el mar. Todo tipo de allá teme a caer tras la raya. Cada tipo dice que tras la raya hay un feo ser que come todo lo que allá va. Pero un tano lee a Polo y sabe que no es así; sabe que si no teme y toma el remo e iza la vela irá al mar y le irá bien.

Como no hay oro para la nave, se lo pide al Rey y a su dama. Les dice: «Yo sé ir allí, yo sé todo»y, para que el Rey le crea, toma eso que el ave da y lo para en la mesa. Así el Rey le cree y le da la nave. Bah, le da tres. Pero el Rey no es bobo. Él sabe que si al tano le va bien, de ahí en más será un gran orbe el suyo (el del Rey, no el del tano, al que sólo le dará una miga de pan).

En fin: dada la nave aún no hay ni un tipo para ir con el tano. Así, el tano va a la cana y saca un reo para cada remo.

Hay un feo ser que come todo lo que allá vaUn buen día, cada nave (las tres) se mete bien al mar. Cada tipo que no va, alza la mano y dice chau a la nave, como si ya no la vaya a ver más.

Y la nave va. Pasa un día… pasa un mes… (No sé si más de un mes ya que lo leí a los 10 años). Los reos, con frío y sed. Ya no hay pan. Un reo se come una rata, pero es un asco. Otro, si es por él, casi se come al tano. Pero el tano le dice a cada reo: «Den un día más» y al otro día, otra vez: «Den un día más» y así cada día. Ni un reo ya le cree (algo así como pasa aquí con el peso ¿no?).

Pero un día ¡por fin! Un tipo sube al palo, mira a la gran raya del mar y dice: «¡Allí! ¡Allí! Ya lo vi». El tipo ve algo seco en el mar ¿Una isla? Tal vez. El tano y los reos ríen; ya pasó lo peor. Todo está bien. El tano baja con su cruz en la mano. Sabe que el rey le dijo: «La Fe debe ir con vos para allá. La Fe de acá está bien y toda otra está mal. Matá a toda otra Fe y robá el oro para mí». El tano (y todo el que va en otra nave tras él) así lo hace.

Así es como nace mi país, hace más de 500 años. Yo digo: que otro siga con lo que pasó tras lo del tano. Hay más y más para que otro diga. Lo que yo sé, y con esto doy fin a mi tema, es que hoy, cosa dura de ver, casi todo en mi país está así o peor que como el tano lo dejó. Y allá, tras el mar, aún está el oro que el tano se robó.

—Pher Chorny

Otro tipo hizo un día un cono con una lupa para ver más allá. Pudo ver el Sol, la Luna, el dios rojo y los aros del dios del mar. Con ese cono pudo ver cómo era la cosa: «El sol no sale ni se pone», dijo al rey. «Es el orbe el que gira, no el sol». Pero el rey dijo «Ah, pero ud no cree en dios. Eso está mal. Si no dice ante la masa que así no es, lo mato». Y el tipo no tuvo otra. Dijo en voz alta: «Está bien, con mi lupa se ve mal, el orbe no gira». Y dijo en voz baja: «Pero para mí que sí gira». El rey no lo oyó, pero otro sí, e hizo su cono con lupa a su vez. Pero eso es ya otra cosa, que no diré acá.

Hubo otro tipo (no de Pisa, pero de por ahí) al que su mamá le puso Leo, que creó una cosa con más masa que el aire que voló, o eso dijo él. Le puso hilo, caña y seda y la cosa voló alto. Pero no pudo ir él; pesó más que lo que la cosa pudo izar. Así que se apeó e hizo otra cosa: puso en un muro un poco de rojo, oro, azul y gris, e hizo al hijo de dios y a sus doce, en una cena. El muro está muy bien, y aún se lo ve hoy en día.

Y hubo otro tipo más, un tal Alva, que tomó un hilo, lo puso en un tubo y le sacó el aire. Le puso una pila y lo hizo dar luz. Con eso no se hizo rico, pero aún nos dió más: usó un tubo de cera para dar al oído la nota o la voz que otro daba.

Por esa era, EEUU hizo un arma muy mala, en la que la masa se hace luz, y con eso mató como a cien mil de una vez, allá en el este. Su capo dijo que eso era para que una gran lid cese, pero no era así. Ni él se lo cree. Eso fue muy malo. Hoy ese arma casi todo país la hace. Un día de esos, un loco hace algo mal con un dedo y ¡pum! todo de cero. Bah, tal vez eso no sea malo, a ver si el alga hace todo bien esta vez…

—Marcos Donnantuoni



La Historia Universal contada sólo con palabras de cuatro letras o menos. Inspirado en un texto en inglés donde se explica la teoría de la relatividad de Einstein con la misma restricción.