Escher y Castrovalva

Bruno Ernst

Castrovalva

El primer grabado de Escher que vi fue la litografía Arriba y abajo, que decoraba el aula donde enseñaba matemática. Lo estudié muchas veces mientras mis alumnos trabajaban en silencio en los problemas que yo les planteaba. Se me ocurrían muchas preguntas acerca del por qué y del cómo del grabado y el único que podía responderlas era el artista mismo.

Sucedió que tenía un amigo en Baarn al que había ayudado a publicar un libro sobre matemática. Durante una visita la conversación derivó hacia el grabado y hacia mi curiosidad acerca de su estructura. Mi amigo me contó que era vecino de Escher, un hombre amable que seguramente respondería mis preguntas. Así que le escribí una carta al señor M.C. Escher. De inmediato me contestó que una explicación por carta resultaba muy engorrosa y me invitó a una conversación personal. Este primer encuentro, en 1956, fue una experiencia maravillosa: tantos grabados… ¡tantas historias! Fue el comienzo de una amistad que duró el resto de su vida.

Arriba y abajo

Por ese entonces Escher estaba dando los toques finales a Galería de Grabados y yo critiqué la fea cruz que aparece en el rincón superior izquierdo. Cuando regresé a casa, le escribí sugiriéndole que podría camuflar la cruz permitiendo que una clematis trepara por ella.

Imagínense lo ridículamente pretencioso que era esto:
• Escher tenía casi sesenta años, había más que ganado sus galones como artista gráfico y gozaba de un considerable reconocimiento como autor de grabados muy fuera de lo común.
• Yo tenía treinta años y era un profesor de matemática que apenas si había atisbado una parte de los cuarenta años de producción artística de Escher.

Galería de grabados

Sin embargo, unos días más tarde Escher me escribía:

«… La clematis trepando por el borde de los maderos de mi Galería de grabados sería sin duda hermosa. Pero esos maderos están para representar marcos de ventanas. Es más, es probable que haya gastado tanta energía en pensar los detalles de esta imagen que quedé demasiado atontado para alcanzar mejores niveles estéticos. Para producir estos grabados, directamente tuve que exprimirme el cerebro.

Además, ninguno fue jamás hecho con el propósito principal de crear “algo hermoso”. Esa es la razón por la que siempre me siento un tanto fuera de lugar con mis colegas artistas gráficos: ellos se afanan en obtener belleza como objetivo primero y principal (aún cuando este concepto ha cambiado muchísimo desde el siglo 17 inclusive para ellos), mientras yo, por el otro lado, tal vez me enfoque en forma exclusiva en lo maravilloso y, por lo tanto, quizá trate exclusivamente de evocar el sentido de maravilla en mis grabados…»

Esto es elocuente no sólo porque expresa su propia visión de su trabajo como artista, sino especialmente porque muestra con qué seriedad se tomó la crítica de un joven que apenas si conocía su obra. En una larga carta a su hijo Arthur sobre mi primera visita no tuvo ni una palabra de condena a mi comportamiento:

«Ahora deseo relatarte algo acerca … de un extraño sujeto que un día repentinamente decidió escribirme que mis grabados lo fascinaban tanto a él como a los niños a los que enseñaba, y que quería venir a Baarn a echar un vistazo. Y así lo hizo. (¡De hecho, Escher me había invitado a mí!) …

… Estaba muy interesado en mis bromas con la perspectiva y especialmente en mi grabado inversor Cóncavo y convexo, como también en mis divisiones regulares del plano… etc.»

Luego de este primer contacto con Escher seguí visitándolo en forma regular en su estudio e intercambiamos muchas cartas.

Yo había fundado un periódico matemático para estudiantes secundarios llamado Pythagoras (que aún hoy existe), en el que escribí muchos artículos sobre la obra de Escher. Cada tanto le solicitaba permiso para reproducir uno de sus grabados en formato de afiche para entregar como regalo a los suscriptores. En ese momento teníamos más de 30.000 personas suscriptas, de manera que su obra se volvió bien conocida entre los estudiantes secundarios de los Países Bajos que estaban interesados en la matemática.

Cóncavo y convexo

En 1969, el último año que Escher vivió en Baarn, le propuse escribir un libro describiendo cómo comenzó a desarrollar su obra artística. «Cuando no esté más entre nosotros (la muerte era un tema de conversación normal), la gente imaginará todo tipo de razones misteriosas», fue la manera en que se lo planteé.

Escher la consideró una buena idea y durante los últimos pocos años de su vida lo visité cada domingo para juntar información. Para mí fue una gran suerte que conservase todos los bocetos de sus grabados y que generosamente propusiese que me los llevase a casa para estudiarlos con más detenimiento. Así que durante meses tuve cientos de dibujos de Escher en mi hogar.

Con la ayuda de su diario, sus libretas de notas, sus borradores y reproducciones de todas sus obras intenté ordenar la obra de Escher. Una pared de mi estudio estaba cubierta con reproducciones y fotografías de sus grabados en orden cronológico. Hacer este inventario me permitió discernir cómo se habían desarrollado los intereses de Escher a lo largo de los años.

* * *

Luego de una corta estadía de no más de 2 años en Haarlem, donde su maestro en el arte de grabar en madera fue Jesserun de Mesquita, Escher viajó a Roma en 1922, donde residió durante 15 años. En sus notas constaté que durante este período había estado viajando más de 42 meses, es decir ¡más de 3 años!

Cada primavera salía dos meses de recorrido por Abruzzi, Campania, Sicilia, Malta, Córcega… en resumen, recorría una gran parte del área de Mediterráneo. Iba en barco, en tren, a pie o por cualquier medio. Alguna veces con amigos; la mayoría, solo.

El propósito de estos viajes era recolectar impresiones y realizar bocetos. Tras dos meses o más regresaba a su casa, flaco y cansado, pero con cientos de dibujos. Más adelante en el año usaba los más interesantes para hacer grabados en madera o litografías. Estos dibujos también fueron el material de los mundialmente famosos grabados que hizo cuando se instaló en Baarn en los Países Bajos. En la representación gráfica de su trabajo se puede ver qué categorías trabajó. No las repetiré aquí por falta de tiempo; para ello está mi libro El espejo mágico de M.C. Escher.

En 1962 se sintió enfermo. En el hospital le diagnosticaron cáncer intestinal. Durante los siguiente 5 años trabajó fuerte y creó muchos grabados interesantes y de calidad. En 1969 supo que debía someterse nuevamente a una seria operación quirúrgica. Utilizó cada momento disponible en que se sentía con fuerzas para trabajar en lo que sería su último grabado: Serpientes. Cuando lo visité no quiso mostrarme sus dibujos preliminares y declaró: «No sería capaz de soportar ni el más mínimo atisbo de crítica en tus ojos. Haría desaparecer mi coraje para continuar.»

Serpientes

Este gran grabado no muestra evidencia alguna de que Esher haya usado sus últimas reservas en realizarlo. Todo es fuerte y muscular. No muestra trazos de debilidad, enfermedad o vejez.

En la primavera de 1970 decidió mudarse al Hogar Rosa Spier, una residencia geriátrica para artistas de la ciudad de Laren. Un año más tarde el libro que yo estaba escribiendo estaba finalizado y Escher había corregido cada página del manuscrito. Me escribió «Espero fervientemente vivir para ver tu libro publicado; algunas veces, cuando me siento tan terriblemente mal, temo lo peor».

Y tuvo razón: el fin llegó el 27 de marzo de 1972. Su hijo mayor me escribió una larga carta acerca de los últimos días de la vida de su padre. Cito la parte final: «… el 27 pasé la mañana con él como de costumbre. De vez en cuando conversábamos un poco e hizo una broma sobre lo ridículo de su situación que me hizo reír para mis adentros un buen rato. Cuando volví al hospital tras el almuerzo, el médico me dijo que padre había muerto temprano a la tarde.»

De vuelta a Italia. A menudo Escher me contaba interesantes historias acerca de sus viajes. Es una pena, tanto para mí como para ustedes, que yo sólo transcribiese algunas para el libro que había planeado. Esta es una historia de Castrovalva:

En la primavera de 1929 Escher se dirigió totalmente solo a Castrovalva para realizar unos bocetos. Llegó tarde, ya anochecido, encontró alojamiento y se fue derecho a la cama.

A las cinco de la mañana lo despertaron furiosos golpes en la puerta de su cuarto. Lue-go un grito: ¡Carabinieri!

¿Qué podrían querer de él? Se le ordenó que los acompañase a la estación de policía. Fue necesaria una larga discusión para persuadirlos posponer la declaración hasta las siete. Aún así, se incautaron de su pasaporte.

Cuando Escher llegó a la estación de policía a las siete, el oficial a cargo aún no había llegado. Eran casi las ocho cuando finalmente apareció. La acusación era verdaderamente seria: Escher era sospechoso de haber atentado contra la vida del rey de Italia.

El incidente en cuestión había sucedido el día anterior en Turín… Escher era extranjero, había llegado tarde a la noche y no había participado de la procesión vespertina por las calles de Castrovalva. Una mujer había reparado en que tenía una expresión maligna («guardava male») y lo había reportado a la policía.

Escher se enfureció ante esta loca historia y amenazó con hacer un escándalo en Roma,
con el feliz resultado de que fue rápidamente puesto en libertad.

Este cómico episodio no obstó para que Escher se quedase largo tiempo en Castrovalva y sus alrededores. Hizo muchos bocetos y uno de ellos resultó en la hermosa litografía Castrovalva, que completó un año más tarde.

Cuando la mirábamos juntos, Escher dijo con un dejo de nostalgia en la voz: «Invertí un día completo dibujando sentado junto a esta pequeña senda en la montaña. Arriba había una escuela y disfruté al escuchar las claras voces de los niños mientras cantaban sus canciones.»

Un prominente crítico belga escribió sobre esta obra en 1931:

«A nuestro juicio la vista de Castrovalva puede ser considerada la mejor obra producida por Escher hasta el momento. Técnicamente es casi perfecta; como retrato de la naturaleza es maravillosamente exacta, y sin embargo la envuelve un aire de fantasía. Esta es Castrovalva desde afuera, pero más aún lo es desde adentro. Por que la misma esencia de este lugar desconocido, de esta senda en la montaña, estas nubes, ese horizonte, estos valles, la esencia de toda la composición es una síntesis interior, una síntesis que existe desde mucho antes de que esta obra de arte fuera creada… es en esta imponente página que Castrovalva se ha exhibido en toda su temeraria unidad.»

Castrovalva también es mi grabado preferido del período italiano de Escher. No sólo es una hermosa ilustración de un paisaje existente, sino que va más allá. Es una expresión de la exaltación de la tridimensionalidad: lo cercano y lo lejano; lo alto y lo bajo del mundo en que vivimos está representado aquí. No en abstracciones, sino en su completa realidad.

Para la época en que hizo Castrovalva, Escher ya había sido reconocido como un excelente artista gráfico: las galería de arte holandesas compraban sus obras y las ventas a particulares no eran poca cosa. Alguna veces las críticas resultaban algo negativas, como la siguiente:

«Estas xilografías muestran tanto una certeza dogmática como una fría, deliberada falta de emotividad que excluye toda espontaneidad.»

Otra crítica era más positiva y más de acuerdo con la opinión generalizada actual sobre su obra del período italiano. Finaliza con:

«Escher es un artista que, tras un rápido desarrollo, en la actualidad ha alcanzado un punto alto en las técnicas gráficas y en la representación sintética de la naturaleza, a partir del cual le será difícil seguir progresando; es un talento completamente maduro y muy personal.»

En 1935 el clima político italiano se le había vuelto totalmente intolerable. Cuando su hijo mayor, George, a la edad de nueve años fue obligado a llevar en la escuela el uniforme de la Juventud Fascista, la familia decidió abandonar su amada Italia. La obra de Escher también cambió: la inspiración de los paisajes y las ciudades italianas se había ido. Quedó absorbido con la regularidad y las estructuras matemáticas, con el continuo y el infinito… temas que lo acosaban.

Pero sus nuevos trabajos no fueron apreciados por los críticos de la época. Uno de sus más devotos críticos pensó que se había degradado a las artes aplicadas. Escribió:

«Lo que Escher nos entregará en el futuro –aún es un hombre relativamente joven– no se puede predecir. Si interpreto bien las cosas, está destinado a superar estos experimentos y aplicar sus habilidades al arte industrial, diseño de textiles, cerámica, etc. para los que está particularmente dotado.»

Hoy sabemos que estaba errado, ¡totalmente errado! Escher estaba dando los primeros pasos para convertirse en un artista de fama mundial.

Ya aseveré que la obra más importante de su primer período fue Castrovalva. ¿Y del último período? Créase o no: en mi opinión es Galería de grabados, la obra de la que opiné que la cruz que llena la parte superior derecha era horrible. ¿Y por qué es este el mejor grabado de su producción? Pero esta ya es otra historia, larga e intrincadamente matemática.

Utrecht, septiembre de 2005.


Puede ser más cómodo leer la conferencia en formato PDF. El documento fue preparado por Diego Uribe e incluye las ilustraciones de M. C. Escher.
PDF Bruno Ernst: Escher y Castrovalva (534 kb)


Notas

• La traducción y edición de esta conferencia es obra de Diego Uribe.
• En el sitio http://escherdroste.math.leidenuniv.nl, de la Universidad de Leiden, hay una interesante página en inglés llamada Escher and the Droste effect (el efecto Droste es el equivalente al efecto Royal, por la lata de polvo para hornear), sobre la estructura de Galería de Grabados. El sitio describe un método para rellenar el vacío central de la obra. DU
• Todas las obras de M.C. Escher se reproducen por gentil permiso de M.C. Escher Company, Países Bajos.