9.5.2008

En Metafilter leemos una anécdota divertida y muy ilustrativa sobre el ajedrez. La traducimos —más o menos— aquí. Es un poco larga, pero vale la pena.

Yo me consideraba un jugador bastante decente. Podía ganarle fácilmente a la mayoría de la gente y no tenía dificultad en vencer a las computadoras de mano que empezaron a aparecer en los años 80.

Un día, un amigo me invita a su casa. Vi que tenía un tablero sobre la mesa y le propuse que jugáramos una partida. Me ganó enseguida. Dos veces.

Quise probar qué tan bueno era. Estábamos por la movida 30 del tercer juego cuando tuvo que salir de la habitación por un momento. Aproveché la ocasión para cambiar de casilla una de sus piezas, dejándola en una posición más ventajosa para mí. Mi amigo volvió, se sentó e inmediatamente regresó la pieza a su lugar correcto. Sorprendido, le pregunté si me había estado espiando.

Mi amigo me miró con curiosidad, quitó todas las piezas del tablero y las ubicó en la posición inicial. Reprodujo mi movida inicial mientras explicaba «La apertura estándar para las blancas», y luego de una pausa, «y también la apertura que usó Spassky en su tercera partida contra Fischer en el juego que estuve estudiando anoche».

«Yo respondí con la movida de Fischer», dijo mientras movía su pieza. «También bastante estándar.»

«Y entonces hiciste algo muy interesante. Una movida muy poco convencional, pero que vi algunas pocas veces. Cuando yo tenía 13 años alguien la hizo contra mí y realmente me descolocó, ya que es una apertura poco común. Perdí esa partida en 25 movimientos.»

Mi amigo tenía 35 años y me estaba hablando de una partida que había jugado cuando tenía 13. En este momento empecé a entender que él jugaba a otro nivel.

Entonces me miró y dijo «Respondí tu movida con la misma movida que usé contra el campeón nacional israelí en el Abierto de Filadelfia cuando tenía 15. Él también estaba intentando ese mismo truco, pero para entonces yo ya había descubierto varias defensas.»

Mi amigo movió su pieza, me miró y dijo «Y entonces vos hiciste una movida realmente estúpida y me di cuenta de que no tenías la menor idea de lo que estabas haciendo».

Siguió explicando cada una de las movidas siguientes hasta el momento en que había dejado la habitación. «Esta fue la posición del tablero cuando salí, y ahí fue cuando cambiaste de lugar el peón.»

Los dos estábamos jugando ajedrez, pero él estaba jugando otro juego.

1 comentario Hacer un comentario

  • 1. Swi  |  Jun 5 2008, 6:25 pm

    Desde que era un crío he sabido mover las fichas del ajedrez, pero siempre he dicho que eso no significaba que supiese jugar.

    En un principio pensé que el ajedrez consistía en tener una gran capacidad de análisis para sopesar y elegir la mejor jugada, pero luego llegué a saber que los grandes jugadores son coleccionistas de partidas. Usan más la memoria que el análisis.

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