22.7.2005
por Diego Uribe
Dos o tres generaciones atrás, las composiciones escolares tema La vaca inevitablemente comenzaban con: «La vaca nos da la leche, el cuero y la carne…». A la escultora norteamericana Anne Huibregtse la vaca le da algo más: inspiración. Todos sus bronces representan vacas, solas o en compañía, juntas o separadas, paradas o echadas, pastando, caminando o retozando. En Segue (segue significa transición fluida entre dos temas musicales o del discurso) imitan a los equilibristas del circo y se apilan en dos columnas de siete vacas cuyos actitudes van desde la indiferencia rumiante de las bases hasta el beso amoroso del remate. El resultado es tan curioso que la revista científica Perception le dedicó un artículo.
El caso es que, a poco de mirar la obra, uno se da cuenta de que cada vaca tiene las cuatro patas sólidamente asentadas en el lomo de la vaca de abajo, lo que es manifiestamente imposible. Las vacas de arriba y abajo de cada columna miran en direcciones opuestas. Es decir, su orientación difiere en 180°. La transición se obtiene mediante seis animales; por lo tanto, cada vaca está girada 30° con respecto a la inferior. Tome siete fichas de dominó y apílelas como a las vacas de Segue. Por más formas diferentes que intente, dos de los vértices-patas de cada dominó-vaca sobresaldrán del de abajo. Esto no es una propiedad exclusiva de los dominós o los bovinos; lo es de los vértices de cualquier rectángulo.
Entonces, ¿cómo lo logra Anne Huibregtse? Otra de sus obras, Bullseye (literalmente, Ojo de buey, pero también el centro de un blanco o el lente fotográfico llamado «ojo de pescado»), nos da una pista. Como en Segue, cada animal está unido a sus vecinos. Sólo que, a pesar de que la obra representa una escena tridimensional, uno inmediatamente sospecha que, excepto las dos vacas de abajo, el resto es bastante plano, como si fuese una plancha calada. Y de hecho, lo es: la escultura mide 125 centímetros de alto por 90 centímetros de ancho, pero sólo 15 de profundidad.
Así que Segue también puede ser plana. Un detalle lo demuestra: la obra está principalmente iluminada desde arriba y la sombra bajo cada columna de vacas carece de profundidad. Como sucede con las figuras imposibles, el engaño sólo es posible desde un determinado punto de vista; si se mira la escultura desde otro ángulo, la chatura se vuelve evidente.
Sin embargo, hay una clara diferencia entre Bullseye y Segue. Mientras que la parte superior de la primera casi no tiene detalles, la segunda esta tratada con la técnica del bajorrelieve, es decir, simula volúmenes en una profundidad muy pequeña.
Pero tampoco esto basta. Observe una foto o párese, con uno ojo cerrado, frente a los bajorrelieves en bronce de la Casa Histórica de Tucumán o del monumento a San Martín en Buenos Aires: no dan la misma sensación de volumen que las vacas de Segue. Lamentablemente, la revista Perception no se ocupa de explicar la diferencia. Mi opinión es que en los bajorrelieves uno ve el fondo sobre el que sobresalen las figuras, mientras que en Segue este fondo no existe: ha desaparecido, reemplazado por espacio vacío. Al perder esta referencia, nuestra percepción considera que los animales tienen proporciones reales y les otorga un cuerpo que no tienen.
Este mismo artículo se puede desacargar en formato PDF. Allí se pueden ver las ilustraciones con mayor tamaño. Para leerlo hace falta el Acrobat Reader.
Diego Uribe: La vaca (122Kb)
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