7.5.2005

Diego Uribe

Simetría
por Diego Uribe

En la sala del fondo del Museo Nacional de Bellas Artes se exhibe una selección de obras de la 26 bienal de San Pablo con el título “El diablo no es tan feo como lo pintan”. Entre ellas, una notable filmación, quizás simétrica, del alemán Julian Rosefeldt. La pantalla está dividida al medio. De un lado se ve un departamento; del otro, su imagen especular. Ambos están ocupados por el mismo inquilino desdoblado en dos versiones. La cámara se desplaza a lo largo del departamento en un viaje pendular: primero en línea recta, luego en giro, nuevamente en línea recta hasta llegar al final, donde se encuentra un baño, para luego deshacer el camino, volver al punto de partida y recomenzar el viaje. En el otro departamento el viaje es exactamente simétrico a éste.

El argumento es muy simple. El doble inquilino trabaja en su computadora, se sirve café, consulta un libro, se mira en el espejo del baño. Repentinamente, en uno de los departamentos la cosa se sale de madre. Exasperado por no se sabe muy bien qué, el inquilino comienza a practicar artes marciales con el mobiliario y las paredes. Al cabo de un rato el departamento es una ruina. Mientras tanto, su doble del otro lado del espejo prosigue su pacífica rutina. En algún momento ambos salen de los departamentos. Cuando vuelven a entrar, uno sospecha que han intercambiado viviendas: con expresión de asombro, el que entra al departamento destruido se dedica a arreglarlo hasta dejarlo exactamente como se encontraba. Entonces la crisis cambia de lado y el demolido es el otro departamento.

Stunt man

Las cosas prosiguen así, con algunas variantes (en vez de salir por la puerta, uno de los inquilinos atraviesa de cabeza el espejo del baño para aterrizar en el baño del otro departamento), pero aparentemente repitiendo un bucle sin fin (aunque esto lo ignoro; no me quedé a averiguarlo). Uno empieza a sospechar una única filmación, en la que un lado de la pantalla presenta una copia invertida de izquierda a derecha que, además, se proyecta desplazada en el tiempo. Algunos detalles parecen confirmarlo: por ejemplo, el título de un libro, tal vez significativamente llamado Bluff, se ve invertido en una de los departamentos. Pero la sospecha dura poco; un instante después, el mismo libro también aparece invertido en el departamento simétrico. Otros detalles parecen descartar la idea: el inquilino tiene anteojos en un departamento y no en el otro; en una bolsa colgada en la cocina hay más frutos que en la de la otra cocina, etc.

Y, sin embargo, mirando con más atención, aparecen detalles más sutiles que nuevamente parecen indicar una única película: en una cocina el inquilino cierra la cafetera a rosca girándola con la mano derecha en el sentido de las agujas del reloj; en la otra la enrosca con la mano izquierda y en sentido contrario. Como es muy difícil que el artista haya hecho inyectar una cafetera metálica con rosca invertida, creo que, al menos esa parte, es realmente una única película invertida. A no ser que existan cafeteras para zurdos.

En fin, que la obra es intrigante y entretenida. Los espectadores parecen quedar atrapados y sólo se retiran cuando llegan, o creen que llegan, a una parte que ya vieron. Además, la obra es una muestra de algo en lo que los artistas descuellan: romper ligeramente la simetría para ponerla en evidencia. La simetría perfecta es aburrida, para hacerla interesante hay que pervertirla un poco.


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