En Metafilter leemos una anécdota divertida y muy ilustrativa sobre el ajedrez. La traducimos —más o menos— aquí. Es un poco larga, pero vale la pena.
Yo me consideraba un jugador bastante decente. Podía ganarle fácilmente a la mayoría de la gente y no tenía dificultad en vencer a las computadoras de mano que empezaron a aparecer en los años 80.
Un día, un amigo me invita a su casa. Vi que tenía un tablero sobre la mesa y le propuse que jugáramos una partida. Me ganó enseguida. Dos veces.
Quise probar qué tan bueno era. Estábamos por la movida 30 del tercer juego cuando tuvo que salir de la habitación por un momento. Aproveché la ocasión para cambiar de casilla una de sus piezas, dejándola en una posición más ventajosa para mí. Mi amigo volvió, se sentó e inmediatamente regresó la pieza a su lugar correcto. Sorprendido, le pregunté si me había estado espiando.
Mi amigo me miró con curiosidad, quitó todas las piezas del tablero y las ubicó en la posición inicial. Reprodujo mi movida inicial mientras explicaba «La apertura estándar para las blancas», y luego de una pausa, «y también la apertura que usó Spassky en su tercera partida contra Fischer en el juego que estuve estudiando anoche».
«Yo respondí con la movida de Fischer», dijo mientras movía su pieza. «También bastante estándar.»
«Y entonces hiciste algo muy interesante. Una movida muy poco convencional, pero que vi algunas pocas veces. Cuando yo tenía 13 años alguien la hizo contra mí y realmente me descolocó, ya que es una apertura poco común. Perdí esa partida en 25 movimientos.»
Mi amigo tenía 35 años y me estaba hablando de una partida que había jugado cuando tenía 13. En este momento empecé a entender que él jugaba a otro nivel.
Entonces me miró y dijo «Respondí tu movida con la misma movida que usé contra el campeón nacional israelí en el Abierto de Filadelfia cuando tenía 15. Él también estaba intentando ese mismo truco, pero para entonces yo ya había descubierto varias defensas.»
Mi amigo movió su pieza, me miró y dijo «Y entonces vos hiciste una movida realmente estúpida y me di cuenta de que no tenías la menor idea de lo que estabas haciendo».
Siguió explicando cada una de las movidas siguientes hasta el momento en que había dejado la habitación. «Esta fue la posición del tablero cuando salí, y ahí fue cuando cambiaste de lugar el peón.»
Los dos estábamos jugando ajedrez, pero él estaba jugando otro juego.
• Josep Maria Allué da algunas pistas útiles para quien haya creado un juego y desee publicarlo.
• En 37 Heaven están obsesionados con el número 37 y lo encuentran por todas partes. Da miedo.
• Gente jugando al ajedrez sobre una montaña rusa. Revelamos el truco: las piezas están pegadas.
• Luego de resolver el crucigrama del New York Times, la ilustradora Emily Jo Cureton elige algunas palabras del esquema y hace un dibujo inspirado por ellas.
• Una amplia colección de material sobre poliformas. Las poliformas son el nombre general para poliominós, poliamantes, etc. Alguna vez deberemos ocuparnos de esto.

No es muy tranquilizador que un oficial de policía se llame Jorge Alfredo Mato. La fotografía fue tomada en Buenos Aires y muestra el nombre de un destacamento policial cerca de General Paz y avenida San Martín. (Un servicio a la comunidad de Esteban D. Grinbank.)
Marcelo Iglesias, el portento detrás de Pequeños Enigmas, se embarcó en el colosal proyecto de escanear cada página de la revista El Acertijo. Se propone seguir el firme ritmo de una página por día; ya está por el número 2. El mundo y la historia se lo agradecerán. Dirigida por Jaime Poniachik, la revista El Acertijo se publicó entre 1992 y 1997, y estaba dedicada a las matemáticas recreativas, los juegos de tablero, las exploraciones ludolingüísticas y todo aquello que pudiera interesar a una mente ávida. Está repleta de material original de gran calidad; felices quienes puedan ver sus páginas por primera vez.

Tome una hoja de papel de tamaño A4. Haga un doblez para que uno de los vértices coincida con el vértice opuesto. El ángulo del pliegue es exactamente de 109° 28′ 16”. Es el mismo ángulo que se forma en un tetraedro cuando se conecta el centro con sus vértices.
Leímos la curiosidad en Infinity, la revista sobre recreaciones matemáticas que edita la editorial inglesa Tarquin Books. Allí también explican las propiedades de la serie A de tamaños de papel. Cuando se dobla a la mitad una hoja A4 queda una hoja de exactamente las mismas proporciones pero de la mitad de tamaño: es el siguiente integrante de la serie, que se llama A5. De la misma manera, cuando se unen dos hojas A4 se forma la hoja A3, que tiene el idénticas proporciones pero el doble de tamaño. La unidad de la serie es el tamaño A0, equivalente entonces a dieciséis hojas A4, que mide exactamente un metro cuadrado.
La calidad del papel se suele indicar según su gramaje por metro cuadrado; así, cuando compramos papel de 80 gramos nos están diciendo que la hoja A0 tiene ese peso. Por lo tanto, cada hoja que usamos en nuestra impresora o en nuestra Rémington pesa exactamente un dieciseisavo de esa cantidad: cinco gramos.

Caminaba hacia la panadería cuando encontré en el piso este curioso naipe binario. Un lado muestra el cero, el otro lado dice Uno. La reveladora señal de copyright y una rápida búsqueda en Google resuelven el enigma. Parece un juego entretenido.
Quienes estén en Buenos Aires y quieran aprender a jugar al Lasca tienen una excelente oportunidad de hacerlo. Este lunes 28 Gustavo Piñeiro dará un taller donde se enseñarán las reglas, se discutirán algunos aspectos de interés y se jugarán varias partidas entre los concurrentes. El taller es totalmente gratuito y abierto a cualquiera que esté interesado. Simplemente hay que ir al IES Nº 2 Mariano Acosta, en la esquina de las calles Urquiza y Moreno, a las 19 horas; en taller será en el primer piso, en el aula vecina a la biblioteca.
El Lasca (a veces también llamado Laska) es un juego de tablero, abstracto, casi secreto, con la simplicidad de las damas pero mucha mayor riqueza estratégica. El juego fue creado por Emanuel Lasker, quien fuera campeón mundial de ajedrez durante veintisiete años, desde 1894 hasta 1921, cuando perdió su título frente a Capablanca. Además de ajedrecista, Lasker fue un notable matemático, alumno de David Hilbert, y amigo de Albert Einstein.
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